21 enero, 2014
Fotograma de la película Casablanca

Fotograma de la película Casablanca

Seguro que los adeptos al whisky le darían la razón a Humphrey Bogart en las que fueron sus últimas palabras “nunca debí haber cambiado el whisky por los Martinis”. Lo cierto es que el whisky es un licor que, bien entendido y dosificado, se lleva bien con las resacas. Es además tan versátil que entra bien tanto en los momento solemnes como en fiestas y charlas distendidas con los amigos; incluso crece la tendencia de maridar whiskies con comida gourmet.

 

Pero, ¿es whisky todo lo que reluce?

Aclaremos que un whisky es un alcohol destilado a partir de cereal fermentado. Se clasifican en tres grandes categorías: malta, grano y blends. Los primeros se subdividen en single malt, elaborados con cebada malteada y destilados en un solo alambique; y pure malt, que admiten la mezcla entre whiskies de malta de distintas destilerías.

Solo son verdaderos whiskies los que han sido destilados en un mínimo de 40% de alcohol por volumen. A partir de aquí, encontramos una gran variedad de whiskies de los que derivan los cinco principales subgéneros: el escocés o Scotch, Irish whiskey o irlandés, de centeno o Rye, Bourbon y Tennessee.

Oro

El whisky, cuánto más viejo ¿mejor?

Hay un proverbio irlandés que dice Friendship is like whisky, the older, the better es decir “La amistad es como el whisky, cuanto más viejo, mejor”. Los whiskies escoceses (Scotch), se dividen según su maduración o añejamiento en secundarios (tres años), estándar (ocho años), premium (de 12 a 15 años), súper premium (de 18 a 21 años) y los ultra premium (más de 21 años) también conocidos como none-aged (sin edad). Va bien saberlo, pero no hace falta elegir el whisky más viejo para disfrutar de un buen trago, ni siquiera el más caro. Es posible encontrar excelentes whiskies de buena calidad y a un precio asequible.

 

No es pecado agregarle agua al whisky

Son muchos los que beben whisky con hielo o on the rocks. Otros prefieren el whisky solo o combinarlo con otras bebidas en forma de cóctel y finalmente están los que optan por añadirle un poco de agua. El francés Stephan Lochbühler, embajador de marca Glenfiddich, da la razón a éstos últimos cuando dice que “echar un poco de agua al whisky libera e intensifica sus aromas y sabores a la vez que rebaja el grado alcohólico”.

 


Prohibido imitar a John Wayne; el whisky se merece su ritual

Hay muchas maneras de beber, y aquí incluimos los tragos rápidos de las películas del oeste. Pero un buen el whisky  debe disfrutarse con calma, como lo hacía Boogie. El ritual de cata es, en ciertos aspectos, similar al del vino ya que intervienen ojos, nariz y boca. Aquí tienes cuatro pasos par iniciarte con un vaso de whisky en la mano.

ritual

1. Huélelo, acerca el borde del vaso hasta que contacte con la parte baja de la nariz. Respira su aroma sin aspirar con fuerza – un mínimo de 40 grados de alcohol pueden dejarte la pituitaria colapsada – y trata de adivinar qué aromas contiene a parte del alcohol: ahumados, especias, maderas…

2. Sórbelo suavemente, deja que el líquido invada el paladar, la lengua y las mejillas. Cada whisky tiene su tiempo de permanencia en boca.

3.Trata de reconocer sabores, puedes encontrarte con acentos frutales, florales, de cereales o acaramelados, especias o turba, o incluso el ahumado del carbón que se utiliza en el proceso de destilación. También suele detectarse el sabor a madera del barril donde ha madurado.

4. Ingiere el whisky,  y aquí cada uno adopta su estilo. Nosotros nos inclinamos por imitar a nuestro admirado Bogart y brindar como en Casablanca: “A tu salud, querida”.

 

Fuentes: club del whisky, verema

Fotos Flickr –  Simon Powell / Jon Collier / Sandy Jo Kelly

 

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